Te pide hora, te pide la cartera y cuando te das cuenta ya se ha ido. El Amego Segarro es la segunda orda de Cazador de Charos — y no viene solo.
El Amego es el arquetipo del conocido de barrio que nunca tienes del todo claro si es tu amigo. Aparece cuando menos te lo esperas, siempre con una historia que contar, siempre necesitando algo. En Cazador de Charos representa la segunda oleada, desbloqueándose a partir de las 100 bajas.
A diferencia de las Charos —que son lentas y predecibles— los Amegos se mueven con más agilidad y su criptonita es el bocadillo de jamón ibérico — que tú les lanzas. En esta fase cambias tu proyectil por el bocadillo ibérico con un radio generoso. No subestimes el poder del jamón lanzado con convicción.
La clave con los Amegos es el movimiento lateral constante. Tu bocadillo vuela en línea recta, así que muévete para alinear el disparo y no dejes que se te acumulen. El error más común es quedarse quieto intentando apuntar — los Amegos te alcanzan mientras dudas.
El combo es tu mejor aliado durante esta oleada. Los Amegos mueren de un disparo, así que si mantienes el ritmo puedes encadenar fácilmente rachas de x15 o más. Eso se traduce en HP extra y monedas adicionales antes de enfrentarte a la Boss que llega a las 200 bajas.
Después de eliminar 200 enemigos (100 Charos + 100 Amegos) aparece la primera Charo Boss. Esta versión aumentada tiene más vida, dispara proyectiles en múltiples direcciones y se mueve de forma errática. Al caer abre la tienda de mejoras.
El nombre "Segarro" viene de la jerga de barrio para referirse al cigarro — el amigo que siempre te pide uno. "¿Me das un segarro?" es su saludo universal. En el juego sus frases incluyen clásicos como "¡Amego Segarro!", "¡Tío, préstame algo!" o el ya legendario "¡Tienes hora Amego!".
El bocadillo de jamón ibérico como arma no es casual. El jamón es uno de los grandes símbolos de la cultura española, y lanzarlo como proyectil tiene algo de irreverente que encaja perfectamente con el tono del juego.